miércoles, 28 de abril de 2010

Parabólico.

Soy un hombre describiendo una parabola,
conozco mi nombre y me reservo
todos los derechos a la vieja conquista.
Hoy supe que nací, porque muero vagamente y me disuelvo.
Quien va a decir 
- toma mi mano, aquí está, colócala en tu brazo distraido.
Quien va a compartir su castración a la hora del almuerzo,
hora de la peste, los lobos,
los mas terribles sangramientos.
Solo yo me inclino y no arranco las flores
y ofrezco mi mano
a la hora imperturbable y vacia de las doce.
Ahora siento los tambores llamando a mis espaldas,
con ese tono existencial que me permito paladear
estre lengua y dientes.
Nada puede hacerse, nada puede hacer que se apague este delirio,
esta fuga de lo inmenso al infinito que hoy esbozo,
con toda la cordura que me exige
la sabiduria de mis dedos.

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